Las mujeres borradas por los ataques con ácido, la lucha de Laxmi Agarwal

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Tomada de https://elpais.com/elpais/2016/03/15/mujeres/1458047011_145804.html

Indira Guerrero

En la entrada de la casa de la india Laxmi Agarwal, en una barriada de Nueva Delhi, hay fotos de ella, de sus grandes ojos y su sonrisa, las dos únicas expresiones que quedaron intactas al brutal ataque con ácido de un pretendiente despechado que hace casi 15 años le desfiguró el rostro.

Laxmi sufrió el ataque en 2005, cuando tenía 14 años. Ahora encabeza la lucha en la India contra las agresiones de ácido y su tesón logró que en 2013 el Tribunal Supremo indio ordenara restringir en el país la venta de ácido y compensar con unos 5.000 dólares a las víctimas, que son sobre todo mujeres.

“El reto de las chicas comienza” cuando son concebidas, dice Laxmi en una entrevista con Efe en la que retrocede a la temprana pelea que debe dar una mujer para sobrevivir en una sociedad patriarcal como la de la India, donde las niñas no suelen ser bienvenidas desde el nacimiento.

Sentada en un taburete en la azotea de su casa, Pihu, su hija de cuatro años, pinta de negro y marrón las cabelleras de las barbies de su cuaderno, tal como luce la abundante y larga melena de su madre, a la que besa y acaricia en el rostro sin reparo.

“Si le digo a mi hija que su belleza y su rostro son importantes, entonces ella solo se enfocará en su cara. Quien me atacó pensó en arrojarme ácido en la cara. No arrojó ácido sobre ninguna otra parte del cuerpo. Si no iba a ser para él, entonces no iba a ser para nadie. No me mató, atacó mi cara”, dice la joven madre que ha redimensionado el valor de la mujer.

Para la activista y líder de la ong Stop Acids Attacks, que pelea con rebeldía desde un país profundamente tradicional, a hombres y mujeres se les convence desde pequeños que tienen distintos papeles que jugar en la vida y mientras “a la niña se le habla sobre su belleza, al niño se le alimenta el ego”.

Entonces, “si una chica dice que no a una propuesta de matrimonio o a la amistad de un hombre, el ego de él se ve afectado porque se le enseñó desde la niñez que todo le pertenece”, asegura.

Pese a haber crecido en un país donde las luchas feministas son una pelea de supervivencia y las reivindicaciones son batallas sobre temas fundamentales e incluso de libertades individuales, el reclamo de Laxmi escapa de los matices de los extremismos.

Durante sus campañas de concienciación, Laxmi, cuenta a Efe, siempre pregunta: “¿quieren respeto?” A lo que todo el mundo dice que sí. Luego les pregunta a los hombres: “¿las mujeres deben ser respetadas?” También le responden que sí.

“Pero honestamente, siento que no quiero respeto. Lo que quiero es igualdad. Si hay igualdad, el respeto vendrá automáticamente con eso. Entonces, esta diferenciación entre chicas y chicos está empeorando las cosas y aumentando los crímenes”, explica.

Desde su casa, en un barrio humilde del este de la capital india, y entre el ruido de un mercado local repleto de mujeres que se ganan la vida en sus puestos a pie de calle, Laxmi cree que celebrar un día para las mujeres tiene poco sentido.

“Para celebrar el día de la mujer, no hay necesidad de hacernos sentir especiales”, afirma al tiempo que agrega que no tiene sentido destacar un solo día en el que deben ser respetadas.

“Un día nos respetan y después de la medianoche nos atacan en violaciones en grupo, ataques con ácido y violencia doméstica”, dice enfática la activista.

“Yo no celebro el Día de la Mujer”, añade.

Laxmi no está segura si la solución al problema de igualdad está a la vuelta de la esquina, porque “el mayor problema es ¿cómo saber cuál es el problema? ¿Dónde empieza todo?”.

“Tenemos que encontrar la raíz. Ya sea un niño o una niña, ambos nacen del mismo vientre. Los vientres no son diferentes. Todo comienza ahí”, asegura al argumentar que quizá la solución no se encuentra muy lejana, que todo depende de los padres.

“Los bebés son como el barro, tomarán la forma que moldeemos. Entonces, todo depende de cómo estamos criando a nuestras hijas o hijos en los hogares”, concluye. EFE