La otra cara de la Bogotá sin carros y motos

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Como todas las mañanas, miles de bogotanos salen de la casa rumbo a sus trabajos, colegios, universidades y otros compromisos, este 7 de febrero, día sin carro en la capital colombiana, los motores de más de 2 millones de vehículos quedaron apagados, pero no se frenó el ritmo de una ciudad que alberga más de 9 millones de personas.

Hoy en el centro de la ciudad, cientos de personas transitaban mirando el reloj y en ocasiones con sus hijos y paquetes de la mano, apretaban el paso en una calurosa mañana con menos ruido de lo acostumbrado.

Muchos como Javier Peralta, manifestaron que el día de hoy fue un caos total, luego de enfrentar dos horas de trancón en tan solo 20 cuadras comprendidas entre la carrera 68 y la 48, con calle 13, que provocó la pérdida de la cita médica de su hijo y la llegada tarde a la universidad. Por esta razón, para Javier, el día sin carro es una medida que puede ser favorable para el medio ambiente, pero que afecta en gran medida el tránsito de la ciudad.

Para otros la historia fue diferente, con el casco puesto y los tenis deportivos encima de los pedales, montaron su bicicleta desde diferentes puntos de la ciudad, como Sebastián Sánchez, que desde el barrio Olaya hasta la Universidad Militar en la 100 con 11, recorrió a pedalazos la ciudad, reduciendo de una hora y media a 50 minutos su trayecto, y al regresar mira a las otras personas que con patinetas, monopatines y bicicletas se movilizan haciendo uso de otras alternativas de transporte.

Sin embargo, para todos no funcionó el sistema de transporte alternativo, como el caso de Andrea Torres, que realiza generalmente su recorrido desde Santa Librada, en la localidad de Usme hasta el barrio Restrepo y de allí toma un Transmilenio para llegar al Centro Internacional donde trabaja. No obstante, hoy la movilidad le cerró las puertas y no la dejo entrar, la gran cantidad de personas que ingresaban al sistema de Transmilenio impidió que su trayecto fuera el mismo, lo que la obligó a hacer uso del taxi y en consecuencia, a gastar 8 mil pesos en transporte.

El sonido de la cadena de la bicicleta rodando entre platos y piñones era el más notorio en vías como la calle 26 que fue cerrada para el uso exclusivo de medios de transporte alternativos. Ni buses, taxis u otros vehículos podían circular por esta arteria, lo cual benefició la movilidad de quienes podían ingresar a este corredor vial pero afectó a quienes debían hacerlo en transporte público, pues debieron buscar atajos y vías alternas, ocasionando congestión en otros tramos de la ciudad.

“Jornadas como esta muestran una manera distinta de vivir en Bogotá. Esta es la ciudad que queremos, donde la gente se movilice en bicicleta, transporte público y en buenas ciclo rutas. Queremos que la gente deje el carro en la casa y se mueva diferente” decía el alcalde Enrique Peñalosa en horas de la mañana, mientras que en otro punto de la ciudad estaba John Fredy Gómez, un vendedor y reparador de bicicletas que ya estaba con tuercas, tornillos y bomba de inflar, listo para recibir a los usuarios de este transporte.

Eran las cinco de la mañana y este joven bogotano, con el caballo de acero que lo acompaña todos los días, empacaba los repuestos de huellas, frenos, parches y luces para irse a la carrera séptima a trabajar, colgando su aviso de “Taller de Bicicletas”, siendo para él, una oportunidad de generar ingresos en el día sin carro y moto.

En otros casos, este día no fue el más conveniente para el bolsillo de los dueños de parqueaderos del centro de la ciudad, quienes no abrieron las puertas de sus negocios este jueves y cuentan las horas para regresar a la normalidad.

Cuando sean 7:30 de la noche, y la medida del día sin carro y moto se levante, cientos de personas estarán aliviadas de regresar a casa y moverse libertad por la vía que requieran hacerlo, mientras otros considerarán que este fue un respiro para el medio ambiente de la capital y la oportunidad para trasladarse haciendo uso de medios de transporte sostenibles y amigables con el entorno.